sábado, 30 de abril de 2016 0 comentarios

Digno y roto capitán

Hoy, estés donde estés me gustaría recordarte que sigues teniendo ese lugar en la mesa. Que nadie se ha atrevido a sentarse en tu sillón, ni a levantar la persiana, ni a abrir la puerta de la habitación... Todo sigue apestillado, como si pretendiésemos, con todas nuestras ansias, guardar un frasco de ti en cualquier rincón. Hoy, nos sirve todo para reflejarte.

Sigue haciendo frío en plena primavera si decimos de bajar a la playa y no hay nadie que decida coger tu sombrero; tu almohada ha sido devorada por la lavadora, pero no ha conseguido vencer a tu perfume. Yo, personalmente, sigo sintiendo cómo un tren me destroza cada articulación de mi cuerpo cuando decido ir a tu casa. 

A veces suena el teléfono. Entonces, la llamada de alerta que parecía doler tanto hace unos meses, hoy parece un analgésico. Hoy, quizá, lo que duela sea no oír ninguna de ellas. Como si todo este dolor fuese el reflujo de tu ausencia.

He sido víctima de este arrebato: he decidido sacarte para que no te oxides, recordándome a mí misma que todavía me dueles. Quizá este nudo en la garganta y este clavo en el corazón puedan deshacerse todavía. 

Dicen, que con el tiempo todo deja de doler. Entonces, me declaro cobarde: por seguir siendo el primer y último pensamiento, por no saber dónde dejar estas flores, por apretar una medalla con la esperanza de que sea tu mano, por acurrucarme abrazando esta almohada, como si en algún momento y por arte de magia volvieses a ser tú. Porque anoche soñaba contigo y hoy, no sé si vivo.



viernes, 15 de abril de 2016 0 comentarios

Maybe

Haces de la noche tu hogar, te apropias del bosque, de las tinieblas. Te haces fiel amigo del ruido, del ente audaz, de lo que destroza.
Y quizás te olvides de que cielo y luna viajan de la mano. Y quizás no encuentres ese brillo, por ser tú, quien brilla, en esta oscuridad.
Maybe the wolf is in love with the moon. Maybe...
Corres, agazapando ladridos, como quien huye. Te alejas, escapas y te revuelcas en los destrozos de este árbol caído. 
Viaje completamente estático. Y tú, ingenuo, crees que avanzas.
¿Lobo o luna?
Hay papeles invertidos. Papeles que sobran, papeles que encajan.
Huyes de tu propia casa, de tu propia oscuridad. Cuando tu hogar es el refugio de tu propia naturaleza. Cuando corres, veloz, estático: devoras, para ganar, para comer, para arrasar. ¿Con qué? ¿Para qué?

Entonces frenas, a veces retrocedes. Ladras. Luna llena o luna menguante. Lobo hambriento o lobo temible. De qué sirve ser lobo temible sin orquesta de competición. Aléjate - te dices - de todo aquello que te impide brillar. 

Y te marchas. Huyendo de alguien que no reconoces. Vuelves a huir alejándote de ti mismo.

Qué caótico:
Lobo por luna
O luna con lobo

Maybe...
Each month it cries for a love it will never touch.

viernes, 25 de marzo de 2016 2 comentarios

sonrisas que matan prisas

Entre puentes de plata y asfalto,
entre sonrisas que matan las prisas,
entre boca y beso, poeta y libro.

Mercader de la utopía
de que para mis gustos
tus colores
y ese patrón a la deriva

Que
queriendo a alguien lo único que haces
es
declararte la guerra a ti mismo - me dices.
Y yo, amor,
no tengo el corazón para batallas.

Yo no tenía más arma que las ganas
y la esperanza de que
nos lloviese en otras ciudades,
hacer una parada en Finlandia,
firmar contratos de damas,
meter las prisas en la maleta,
que de saber las palabras para un beso,
te las diría a la cara.

Así, creando pasillos donde
alguien puso puertas:
trazando coordenadas
en los mapas
de este poema que
yo musa y tú poeta
o yo poeta y tú don nadie,
marca incendio y
hoguera en tu garganta
o terremoto entre mis piernas.




lunes, 21 de marzo de 2016 0 comentarios

Memories

¿Sabes? Me hubiera gustado decirte que me había enamorado de mí cuando me ponía guapa, para mirarme trescientas cinco veces en el espejo del ascensor antes de subir a verte y que me abrieras la puerta y me dijeras 'fea' y yo te mirara con cara de 'te odio'. Luego no podía evitar la discusión interpersonal entre tus ojos y estas vistas desde el décimo de tu casa. Pero me solía quedar con tus ojos, que me miraban como diciendo que todo lo que me estabas diciendo era mentira: que yo no era fea. Yo te devolvía la miraba como diciendote que no me importaba en absoluto tu vida, que eras indiferente y que te odiaba. "No pienses que he malgastado un segundo en arreglarme para venir a verte". Qué bien se nos daba mentir. Y qué bien se te daba cocinar.
Me enamoré de las veces que me necesitabas y me buscabas. Pero ahora estás como ausente, como perdido, como muerto. Como si todo este dolor hubiera podido contigo y yo no hubiera sido capaz de llamarte de nuevo para decirte que todo iba a ir bien, que todo estaba en nosotros. Era demasiado tarde porque nos habíamos muerto. Tú por ti y yo por los dos.
Quizá lo dejé morir yo, por las desganas o el tiempo. Por eso, cuando los recuerdos se van, suelo echarlos de menos: y solo entonces siento que lo muerto me mantiene viva.
miércoles, 3 de febrero de 2016 2 comentarios

Lo siento y te quiero

Ojalá algún día entiendas que aquello no fue cansarse, intentar cambiarte, mucho menos huir... Ojalá algún día entiendas que todos esos días los pasé igual que tú, o incluso peor de lo que podrias imaginarte... Que quizás lo que pensé que sería la cura acabó siendo aún peor que la enfermedad.

Ojalá algún día entiendas que si me fui, no fue porque no me gustaba tu risa, o tu forma de darle vueltas al destino, o tu pasión por los detalles románticos y por el Diario de Noah. Ojalá que entiendas, que si me fui, fue porque aún era demasiado pronto.

Sí, pronto. Pronto para mandarte las cartas que nunca te mandé. Pronto para leer tu última carta. Pronto para decirte que volviste a poner en marcha un corazón roto. Era demasiado pronto... Y por eso me fui.

Era como una dosis triple de analgésicos, como una mezcla de opiáceos. Todo eso eras tú. El caos, la calma, la revolución, la marea...

Quizás nunca de dije lo que ambos queríamos oír, pero créeme, se escuchó. Se escuchó muy fuerte dentro de nosotros.

Así que, cariño, era demasiado pronto, y por eso, me voy. Ahora que estás a tiempo de encontrar a alguien que pueda darte todo lo que necesitas: esto quería que escuchases, que te dieses cuenta por ti solo de que no me necesitabas, que podías seguir sin mi. Sin embargo, yo, me doy cuenta de que, lo siento, pero te quiero. Más allá de esa foto en la que ambos reímos antes de embarcarnos en el diluvio de una cabalgata. Lo siento, pero no destrozaré ningún recuerdo.

Así que eso es todo. Lo siento, me voy. No porque quiera sino plrque no es el momento. Ni tú mereces tan poco tiempo ni yo me encuentro en facultad de.

No lo olvides, porque te quise, te quiero, y te estoy queriendo a cada minuto que me separa un poco más de ti.

Hay historias que están destinadas a ser, y sin embargo, no es el momento.

Yo, te espero en otro distinto.


Lo siento: te quiero...


lunes, 25 de enero de 2016 0 comentarios

La esperanza de muchas personas

Estamos aquí para aprender.

De no ser así, seríamos médicos ya. Esto nos va a pasar a diario en la vida: nos esforzaremos y lo daremos todo por algunos pacientes; perderemos todo lo que tenemos por salvarles una vez más la vida, pero no lo vamos a conseguir muchas de ellas.

Si te das cuenta, quizás esto haya sido nuestro examen: darnos cuenta de que esfuerzo no implique éxito, como siempre nos han hecho creer. Simplemente, hay que dar lo mejor de nosotros mismo. Conseguir dar el 200%. Siempre, siempre podremos dar un poquito más.

Así, algún día seremos los mejores, no porque lo hicimos todo bien y en su tiempo, sino porque aprendimos lo que puede ser y lo que no puede ser. Valores que no están en un atlas. Que si este esfuerzo no implica un número de dos cifras o incluso nos lleva al suspenso, podremos decir que esto, nos une, como clase y como grupo de amigos; que hemos aprendido que aunque creamos controlarlo todo, siempre existe el factor sorpresa, ese que siempre va a hacer lo posible para que no cumplas tus objetivos.

Si te das cuenta, esto es lo que él quería: le daba igual un 1 o un 2. "Lo importante es que aprendas"- decía.

Pues ya está. Somos geniales. Estamos aquí por algo y tenemos la oportunidad de crecer. Vamos a aprovecharla.

Algún día sacaremos una sonrisa, y algún día seremos toda la esperanza de alguien. Ese día seremos la persona más feliz del mundo y ese día todo esto habrá merecido la pena.

¿Y sabes lo mejor?

Que solo unos pocos sabrán ver lo feliz que te puede hacer darlo absolutamente todo por alguien. Y cuando digo todo, digo todo: porque estamos sacrificando nuestra vida, nuestra adolescencia, nuestras fiestas, el amor, el tiempo con la familia... Todo porque sabemos que somos capaces de mejorar el mundo, aunque sea un poco. Somos aquellos que entendemos que dar, es mejor que recibir.

Y vamos a lograrlo.
Pase lo que pase.




martes, 15 de diciembre de 2015 0 comentarios

Te quiero

Cuando la sala de estar se convierte en tu sala de espera, todos los destrozos de mi alma se hunden en cenizas. En tus últimos minutos - quién sabe que quizás serán segundos - me mantengo a la espera de verte sonreír una vez más. Aquí, en la sala de espera que has reunido, donde hermanos que no se hablan, donde familiares separados por miles de kilómetros, donde las redes sociales intentan simular el encanto de estar a tu vera en tus últimos momentos, es únicamente tu quejido, de dolor, lo que rompe el silencio.

Aquí, en tu sala de espera, permanecemos. Para siempre: te cerraremos los ojos, esperaremos que la morfina se lleve el dolor de la decisión que hemos tomado. Es hora de irte.

De irte y de dejar sabido y por saber que seguirás siendo el olor a flores de todas las mañanas; serás las comidas familiares de todos los domingos, la falda del brasero y las castañas con él; serás la Navidad personificada, la ilusión por montar el árbol de Navidad; serás el beso más tierno del mundo. La madre más dulce. Serás el arroz con leche, las natillas, y las gachas de todos los que estamos aquí presentes: un vacío en el mundo.

Y cada día sonará entre nosotros tus quejidos de risa, tus susurros para hacer alguna trastada, tus "mira, mira, qué buenas piernas tengo". Nos preguntaremos la hora por ti. Seremos la vista que te falta, el oler que te sobra.

Estaremos contigo aunque hoy te vayas.

Nos quedamos aquí, para despedirte. Para decir adiós a quien ha enseñado la tabla de multiplicar a todos los presentes. Para seguir mirándote una vez más a esos ojos azules, como tus claveles favoritos, y entender por qué la vida tiene sentido, a veces.

Te cerramos los ojos, nos quedamos con tus manos suaves, con las arrugas de las mismas, con tus dibujos al aire y tus lienzos de pared. Qué manos más bonitas tienes.

Me quedo, abuela. Siempre serás la madre de mis ojos: aunque ya no sepas quién te prepara la tila, ni cuáles son las manos que te despiertan, que te bañan, que te alimentan... Aunque ya no reconozcas estas orejas, ni este olor a vainilla que tanto te gusta... Efectivamente, ese fue tu último cumpleaños, y esta será tu última Navidad, tu última tila...

Cierra los ojos abuela, te quiero.
 
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